Italia, sus elecciones al Congreso y Senado y la ausencia de un ganador claro copan la actualidad informativa durante estos días. La ley italiana prohíbe la publicación de sondeos durante los 15 días previos a las elecciones, y los últimos otorgaban ventaja a la coalición de izquierdas liderada por Pierluigi Bersani.
El problema surgió tras la doble jornada electoral. Bersani obtuvo más votos, pero no resultó ganador. Para ello tendrá que pactar con la coalición de centroderecha del incombustible Berlusconi o con el Movimiento 5 Estrellas del cómico Grillo. Los italianos no encontraban precisamente graciosa la situación política de su país y, en lugar de la abstención, optaron por depositar la confianza en este último, prácticamente sin programa electoral. Monti, de la coalición de centro, ha pagado el cansancio por los recortes sugeridos desde Alemania y ha sido el claro perdedor de estos comicios.
El pueblo italiano ha hablado. Ahora es el turno de sus políticos. Tienen que demostrar su compromiso por cumplir la voluntad de los electores y deben aunar fuerzas para sacar a su país de esta crisis económica, en lugar de añadirle otra política.
La situación es seguida con atención por el resto de países europeos: Alemania, defraudada por los resultados, teme que el fin de las políticas de austeridad traiga consigo el crecimiento de la deuda europea; Hollande y Rajoy estarán contentos porque parece que Italia apostará por el crecimiento, siempre y cuando, su sistema multipartidista permita sacar adelante las medidas o leyes que su país necesita.
A algunos les sorprenderá esta situación pero aquellos con memoria recordarán que las elecciones en el país transalpino a veces traen este tipo de sorpresas. En 1987, Ilona Staller, comúnmente conocida como La Cicciolina, llegó a ser parlamentaria por el distrito de Lazio (Roma). ¿Se imaginan a Florentino Fernández y Lucía Lapiedra en el Congreso de los Diputados?
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